Paul Pen escribe sobre Laura Palmer en Revista Vanidad

[Artículo publicado en la Revista Vanidad de octubre 2011]

Paul ha publicado ‘El Aviso’, uno de nuestros libros favoritos del año. Le hemos pedido que nos cuente qué fue lo que a él le cambió la vida para siempre y él ha elegido a Laura Palmer. Una elección que deja claro por qué su novela es tan fascinante.

“Stephen King suele contar que le molesta mucho que le pregunten por qué escribe novelas de terror. Y no porque se lo pregunten todo el rato –digo yo que siendo Stephen King tienes que estar acostumbrado a que incluso la cajera que te atiende en tu Starbucks más cercano te pregunte sobre Carrie, El Resplandor o Cuenta Conmigo–, sino porque asegura no tener respuesta para esa pregunta. Dice que él no elige el género, sino que el género lo elige a él.

A mí, que apenas acabo de publicar mi primera novela, la chica del Starbucks todavía no me pregunta nada: se limita a escribir mi nombre en el vaso de cartón si ninguna emoción especial. Pero si lo hiciera, si de repente esa chica alzara la mirada mientras le pone ese montón de espuma que no me gusta nada al White Chocolate Mocha, y me dijera: “oye, que me encantó El Aviso, ¿cómo te ha dado por escribir un thriller?”, sí sabría darle el nombre de la culpable de que yo escriba novelas de misterio (he puesto novelas en plural adrede, que sólo he escrito una pero planeo la dominación mundial a través de mis historias de aquí a unos años). A lo que iba: que a esa fan ficticia de El Aviso que trabaja en el Starbucks por decisión propia (porque ella es guapa e ingeniera aeronáutica y podría dedicarse a lo que quisiera), le diría que escribo lo que escribo por culpa de Laura Palmer.

Era la noche del 15 de noviembre de 1990, de verdad que me acuerdo, y España entera estaba pendiente del estreno del episodio piloto de Twin Peaks. Yo tenía diez años y unos padres bastante guays, porque si no no se entiende que me dejaran quedarme en el salón a ver esa serie de la que hablaba todo el mundo pero que desde luego no era para niños. No tengo ni idea de qué tiempo hacía fuera esa noche, pero pongamos que mucho frío. O incluso que llovía. Como en Twin Peaks. Supongo que mi familia habríamos terminado de cenar y es bastante probable que yo estuviera en pijama. Esos detalles no los recuerdo, porque el mundo entero desapareció a mi alrededor cuando vi la cara de Laura Palmer en el televisor (uno de esos con mayor curvatura de pantalla que el continuo espacio-tiempo). Como ocurre con el verdadero amor, creo que todo el universo conspiró para que ella y yo nos encontráramos aquella noche, porque hubo algo en su rostro azulado, moteado con guijarros de arena y envuelto en plástico, que me agarró el estómago, el corazón, o sea cual sea el órgano que nos hace sentir, con la fuerza con la que un zombie agarra la tierra para salir de la tumba.

Enamorado de un cadáver. Y con diez años. Tuvo que ser ese el momento en que quedé fascinado por el misterio. Por la oscuridad que acompaña incluso a la luz más brillante. Porque aquel cuerpo envuelto en plástico resultó pertenecer a la chica más guapa de Twin Peaks. Pero también a la más infeliz. Belleza, misterio y tristeza se me debieron mezclar entonces como lo hacían en la propia Laura Palmer, y la fascinación por esa combinación no me ha abandonado hasta hoy. Y supongo que no lo hará nunca.

Allá por 2021, cuando las cajeras de Starbucks de verdad hayan leído mis novelas y me hagan preguntas sobre aquello que mi inspira mientras me preparan un espumoso White Chocolate Mocha, estoy seguro que seguiré recordando el rostro azulado de Laura Palmer y aquella noche de noviembre, lluviosa o no, en la que me enamoré de ella. A todo esto, ¿por qué sigo pidiendo el White Chocolate Mocha si no me gusta nada toda esa espuma que trae? Pues he ahí un nuevo misterio”.